Jesús está cansado y se sienta junto a un pozo. Allí se encuentra con una mujer que va a sacar agua. Nadie esperaba que Jesús hablara con ella, porque era de un pueblo diferente y, además, la gente la miraba mal. Pero Jesús no la juzga.
Jesús le pide agua y luego le habla de un “agua viva”. Esta agua no es como la del pozo: es el amor de Dios, que llena el corazón y no se acaba nunca. Jesús conoce la vida de la mujer y aun así la quiere y la respeta.
La mujer se siente comprendida y cambia por dentro. Corre a contar a los demás lo que ha vivido. Jesús nos enseña que Él nos conoce tal como somos, que no nos rechaza y que puede llenar nuestra vida de alegría verdadera..

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