Queridos hermanos y hermanas en el Señor:
Han transcurrido 12 meses llenos de gran intensidad y oportunidades que Dios nos ha brindado gratuitamente para nuestro crecimiento personal y comunitario. Oportunidades llenas de cariño, generosidad y valor, en las que hemos podido avanzar y descubrir lo esencial en nuestra vida. Que no es precisamente aparentar como nos empuja esta sociedad, sino ser, como nos invita el evangelio que en cada Eucaristía se proclama. Ser cada uno con su personalidad, carácter y forma de expresarse llamados a la Santidad. ¡Somos un regalo de Dios! ¡Somos sus hijos e hijas!. ¡Somos una familia! Debemos luchar contra todo sistema que nos empuja a ser fotocopias y no originales. Luchar cada día para ser creativos, libres y llenos de ilusión, alegría, fe y esperanza.
No dejemos que los problemas nos separen o arrinconen. Los problemas pasan, se superan o se atraviesan. Nunca deben separar o paralizar las relaciones ni con Dios, ni con los demás. Debemos recuperar el ardor de la esperanza y la ilusión en todo y en cada persona. No perdamos nunca el cariño, la cercanía, la acogida, empatía y la capacidad de ofrecer el perdón y de acogerlo de la otra persona. Esto nos hará experimentar como nuestro corazón se libera y descargado de tanta ansiedad, preocupación y miedos, se colma de fe, caridad, luz y color para brindar a toda persona. Las personas no somos objetos. Me gustan o me caen bien las acepto. Y si no, las rechazo y descarto. ¡No!. No hagamos esto. No seamos fotocopias de una sociedad degradada y gris. Seamos originales y aprendamos a meditar y aplicar la Buena Noticia que el Emmanuel, Dios con nosotros, ha venido a anunciar: somos una familia. ¡La suya!
Hagamos con sinceridad un recorrido por estos 12 meses. Demos gracias. Pidamos perdón y dejemos en manos de Él todo.
Aprendamos a querernos, valorarnos, respetarnos y sobrellevar las cargas de la vida, de cada barrio y de nuestras parroquias juntos. Sigamos sembrando cada día desde el amor, la paciencia, y la ternura. No dejemos a ningún hermano solo, triste y preocupado. Especialmente a nuestros mayores. Aportemos nuestra oración, consejo, compañía, escucha, y lo más importante, nuestro amor que cura, restablece las relaciones y orienta nuestra vida a lo esencial y que estamos celebrando en Navidad.
Pongamos en manos de nuestro Emmanuel, el nuevo año que vamos a estrenar y aprovechemos cada instante que nos regala para acoger su bendición y brindarla gratuitamente a todos.
Aprendamos unos de otros. Aprendamos a ser cada vez, más sencillos, humildes y a no tener miedo a errar o ser rechazados, porque todos los discípulos del Señor, a sus testimonios de santidad nos referimos, han pasado por estas enseñanzas que aprovechadas al máximo le han servido para unirse más al Señor, permanecer en su amor y discernir desde la fe aportando lo mejor de lo que son y el mejor testimonio de la fe, esperanza y caridad, que el Dios Uno y Trino ha regalado.
Seamos como esta ovejita que confía, cree y espera en el Buen Pastor. Seamos como María y José, que sin condiciones creyeron que nada hay imposible para Dios y que siempre está caminando a nuestro lado.
Feliz Año 2026.
Dios les bendiga.
Gabriel Benítez Pérez.
Cura-párroco de Ntra. Sra. del Buen Paso y de San Isidro Labrador. Capellán de la Casa de Acogida Jesús de Nazaret.

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