Os lo ruego: no os canséis nunca de ser catequistas. No de la catequesis «sermoneadora». La catequesis no puede ser como una lección escolar, sino que es una experiencia viva de la fe que cada uno de nosotros siente el deseo de transmitir a las nuevas generaciones. Por supuesto, debemos encontrar los mejores medios para que la comunicación de la fe se adecue a la edad y a la preparación de las personas que nos escuchan; sin embargo, el encuentro personal que tenemos con cada uno de ellos es decisivo. Sólo el encuentro interpersonal abre el corazón para recibir el primer anuncio y desear crecer en la vida cristiana con el mismo dinamismo que permite la catequesis. El nuevo «Directorio para la catequesis», que se os ha entregado en los últimos meses, os será muy útil para entender cómo seguir este itinerario y cómo renovar la catequesis en las diócesis y parroquias. No olvidemos nunca que la finalidad de la catequesis, que es una etapa privilegiada de la evangelización, es llegar al encuentro con Jesucristo y dejar que crezca en nosotros. Y aquí entramos directamente en lo específico de este su tercer Encuentro Internacional, que consideró la tercera parte del Catecismo de la Iglesia Católica. Hay un pasaje del Catecismo que me parece importante entregarles en relación a que son «Testigos de la nueva vida». Dice: «Cuando creemos en Jesucristo, comulgamos en sus misterios y guardamos sus mandamientos, el Salvador mismo viene a amar en nosotros a su Padre y a sus hermanos, a nuestro Padre y a nuestros hermanos. Su Persona se convierte, por el Espíritu, en la regla viva e interior de nuestra conducta» (nº 2074).
Queridos catequistas y catequizandos, estáis llamados a hacer visible y tangible la persona de Jesucristo, que ama a cada uno de vosotros y por eso se convierte en la regla de nuestra vida y en el criterio de nuestras acciones morales. Nunca te alejes de esta fuente de amor, pues es la condición para ser feliz y estar lleno de alegría siempre y a pesar de todo. Esta es la nueva vida que ha brotado en nosotros el día del Bautismo y que tenemos la responsabilidad de compartir con todos, para que crezca en cada uno y dé fruto. Estoy seguro de que este viaje llevará a muchos de vosotros a descubrir plenamente la vocación de ser catequista y, por tanto, a solicitar el ministerio de catequista. He instituido este ministerio sabiendo el gran papel que puede desempeñar en la comunidad cristiana. No tengas miedo: si el Señor te llama a este ministerio, síguelo. Seréis partícipes de la misma misión de Jesús de anunciar su Evangelio y de introduciros en una relación filial con Dios Padre.

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