El don de la Vida

 

Esta primera parte nos introduce en el misterio de la vida como don. Desde el comienzo —el nacimiento, el bautismo, la llamada— se nos recuerda que no estamos aquí por casualidad. Hemos sido soñados por Dios, llamados por nuestro nombre y enviados a ser generadores de esperanza. Así pues, la vida, recibida como un regalo, se transforma en vocación. Afrontar los retos personales, familiares, sociales y espirituales desde esta perspectiva vocacional implica vivir con una esperanza activa, valiente y comprometida. Somos parte de una Iglesia que camina con nosotros, que nos sostiene y nos envía.

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